De poco sirve trabajar con los mejores proveedores cloud si al final todo depende del hardware que haya debajo. Cuando este hardware falla, el proveedor cloud te promete un sistema que evitar la pérdida de datos, el balanceador reenvía las peticiones a otra instancia y todo esto sin perder ni un solo segundo y en tiempo real, pero si lo que falla es un componente que desconoces (porque la estructura y gestión del cloud lo lleva la empresa que tienes contratada) dependes íntegramente de la velocidad de respuesta de ésta y es entonces cuando los segundos se convierten en minutos, los minutos en horas y los mensajes empiezan a encolarse a la espera de que «alguien» te diga alguna buena noticia. Poco importa que te hayan prometido que su infraestructura es redundante, alta-disponibilidad y con un SLA de 99,999%, cuando falla algo que desconoces (y pueden ser varias cosas a la vez) cualquier minuto se convierte en horas de sufrimiento a la espera de que te den una respuesta de algo que, en teoría, no debería ocurrir.
La nube se nos vendió como «la solución a todos los males unido a la reducción de costes«, la FSF nos lo dejó claro a todos: «la nube no es más que el ordenador de otro» y aún así creemos que por tener una nube con cientos de sistemas repartidos en varios sistemas distribuidos en varios datacenters, vamos a librarnos de un problema si uno de los datacenters falla. Tanta distribución sólo sirve para reducir el tiempo de resolución para ellos, pero no de la caída.
Lo siguiente, el hardware envejece, y además, muy rápido. Pocos tendréis un disco duro de uso constante con más de 10 años. Nos vendieron que los DVDs almacenarían la información más de 600 años y apenas duran 8, los discos duros, cuanto más piezas tengan, menos duran. Los SSD son más rápidos y con más silencio mueren. Los procesadores pasan más tests, más pruebas, más etapas para clasificarlos y por consiguiente, suelen durar bastante más, pero la memoria RAM, son chips muy sensibles, apenas un pico de voltaje y tienes un módulo inútil. Con un módulo inútil, la placa base no arranca, por lo que tienes un ladrillo hasta dar con la pieza que se ha roto y poder sustituirla.
Tenemos hardware caro (por la especulación, el hype, el aumento de la demanda y por el nuevo software que consume 100 veces más que lo que consumía hace 10 años con peor rendimiento), más frágil, con una obsolescencia rápida que puedes ver lo mal que envejece y con la IA, todo el hardware es poco.
Ni siquiera voy a entrar en qué ocurre con las tarjetas gráficas, esas están en un mercado sobrevalorado potenciado por la IA, las criptomonedas y los juegos que requieren de «raytracing puro-real-8K». Atrás quedamos aquellos que solo nos gusta echar alguna partida a algún juego tonto. Cualquier juego reciente requiere una RTX con 4000 núcleos CUDA mínimo si quieres que la sombra del personaje en 2D se vea «realista».
El hardware puede ser el más potente de la historia, pero también se ha convertido en un accesorio de lujo de usar y tirar: un ordenador con 10 años ya solo sirve de pisapapeles… y no digo que no puedas tener un ordenador antiguo, pero sí que no lo usarías para un servidor crítico en producción, porque sabes que fallará cuando menos lo esperes y si encima, ese servidor está «en la nube» gestionado por un tercero, eres mucho más vulnerable de lo que crees, ya esté detrás Amazon, Google, Microsoft o OVH y tengas un soporte -ultra-premium-business-pro-. Si falla el hardware, más te vale tener una copia de seguridad preparada para montar un clon bien rápido.
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