Francia abandona Windows y migra a Linux: 2,5 millones de funcionarios, la mayor migración de la historia en Europa

Francia abandona Windows y migra a Linux: 2,5 millones de funcionarios, la mayor migración de la historia en Europa

Francia acaba de dar el paso más ambicioso que ha dado ningún gobierno europeo en materia de soberanía digital: abandonar Windows en los ordenadores de sus 2,5 millones de funcionarios y migrar a Linux. Y cuando digo ambicioso, quiero decir que esto no es un piloto en tres despachos de un ministerio perdido, es una decisión a escala nacional que afecta a toda la administración pública francesa.

La noticia la publicaba hoy El Español y, la verdad, cuando la he leído he tenido una mezcla de sensaciones: alegría, escepticismo y un poquito de «ya era hora». Los que llevamos toda la vida defendiendo el software libre sabemos lo que significa este tipo de anuncios… y también sabemos lo fácil que es que se queden en papel mojado.

¿Qué ha anunciado Francia exactamente?

El ministro de Cuentas Públicas francés, David Amiel, ha anunciado que Francia va a salir de Windows y apostar por Linux en todos los ordenadores del gobierno. La DINUM (Dirección Interministerial de lo Digital) será la encargada de coordinar todo el plan y cada ministerio tendrá que presentar su propio plan de migración antes de otoño, incluyendo no solo el sistema operativo sino también herramientas colaborativas, antivirus, bases de datos, virtualización e inteligencia artificial.

2,5 millones de puestos de trabajo. La mayor migración de Windows a Linux que se ha planteado jamás en Europa. Para ponerlo en perspectiva: el estado de Schleswig-Holstein en Alemania, que hasta ahora era la referencia europea, está migrando 30.000 ordenadores. Francia multiplica esa cifra por más de ochenta.

La ministra delegada encargada de IA y lo Digital, Anne Le Hénanff, lo dejó claro: la soberanía digital no es una opción, es una necesidad estratégica. Y animó al resto de Europa a seguir el mismo camino.

Esto no es nuevo, pero esta vez parece que va en serio

Los que llevamos ya unos cuantos años en esto del software libre hemos visto esta película antes, y no siempre acaba bien.

El caso más conocido es el de Múnich, que allá por los 2000 migró miles de puestos de trabajo a Linux con su famoso proyecto LiMux, para después volver a Windows en 2017 entre polémicas, lobbies y decisiones políticas que poco tenían que ver con lo técnico. Más recientemente han vuelto a un sistema híbrido, pero el daño a la credibilidad del modelo ya estaba hecho.

En Alemania, el estado de Schleswig-Holstein anunció en 2024 la migración de 30.000 ordenadores a Linux y LibreOffice, un proceso que sigue en marcha. Otros países como Dinamarca y Austria también han dado algunos pasos en esa dirección.

Y por aquí, en España, la historia es larga y agridulce. Hemos tenido Guadalinex en Andalucía, MAX (Madrid Linux) en la Comunidad de Madrid, Molinux en Castilla-La Mancha, Lliurex en Valencia y Linex en Extremadura, que fue de las primeras comunidades autónomas en apostar fuerte por el software libre allá por 2002.  ¿Y qué pasó? Pues lo de siempre: falta de formación, falta de soporte adecuado, falta de voluntad real para sostener el cambio en el tiempo, y en más de un caso —seamos honestos— falta de capacidades técnicas de quienes gestionaban el proyecto. Al final, la mayoría acabaron volviendo a Microsoft con el rabo entre las piernas, y el dinero invertido en aquellas distribuciones se evaporó como si nunca hubiera existido.

Pero a nivel de administración general, tanto el gobierno central como la mayoría de autonomías siguen renovando licencias de Windows con Microsoft año tras año como si no hubiera alternativa. Que la hay, y lleva décadas existiendo.

La diferencia con Francia es la escala y, sobre todo, el tono político. Cuando el ministro dice que «el Estado no puede limitarse a constatar su dependencia, debe salir de ella», no está hablando solo de software. Está hablando de geopolítica. Y después de todo lo que hemos visto con las tensiones entre Europa y Estados Unidos últimamente, la frase cobra un significado muy concreto.

¿Por qué Linux y por qué ahora?

La respuesta corta: porque depender del software de una empresa estadounidense para hacer funcionar la administración de un país europeo es una vulnerabilidad que ya no se puede ignorar.

La respuesta larga: porque llevamos décadas diciéndolo. Llevo toda mi vida profesional defendiendo el software libre, mucho antes de que Sinologic existiera, y cada año que pasa me dan más la razón. Hemos hablado de soberanía digital, de código abierto, de no depender de empresas que pueden cambiar las reglas del juego cuando les convenga. Lo vemos continuamente, con 3CX, con Google Suite, pero lo vemos siempre con software del que dependes fuertemente, con cada cambio de términos de servicio de cualquier plataforma en la que habíamos depositado nuestra confianza. Cuanto más utilices un software que lleva una empresa, más dependiente eres de ella y más fácilmente tendrás que seguir sus reglas aunque no te convengan.

Linux no es perfecto, nadie dice que lo sea. Pero es auditable, es modificable, es tuyo. Si mañana hay un problema, puedes arreglarlo o pagar a alguien que lo arregle sin depender de que una empresa al otro lado del Atlántico decida si te ayuda o no. Eso, en infraestructura crítica de un Estado, no es un capricho técnico: es sentido común.

Y no olvidemos que Linux ya está en todas partes donde las cosas importan de verdad: servidores, supercomputadores, infraestructura cloud, dispositivos embebidos, telecomunicaciones, la mayoría de los móviles del mundo (Android está basado en Linux), la Estación Espacial Internacional… El escritorio siempre ha sido su asignatura pendiente, más por falta de voluntad política y empresarial que por limitaciones técnicas.

¿Qué alternativas de software libre existen para sustituir a Microsoft?

Una de las preguntas clave que se plantean cuando se habla de migrar de Windows a Linux es: ¿con qué sustituyes todo el ecosistema de Microsoft? La buena noticia es que en 2026 las alternativas son más sólidas que nunca.

Para el sistema operativo, las opciones son múltiples: Ubuntu, Debian, Fedora, SUSE Linux Enterprise o Red Hat Enterprise Linux son distribuciones con soporte empresarial y largo recorrido en producción. Para el paquete ofimático, LibreOffice lleva años siendo una alternativa completamente funcional a Microsoft Office, con compatibilidad con los formatos .docx, .xlsx y .pptx. Para el correo electrónico y la colaboración, existen soluciones como Thunderbird, Nextcloud (como alternativa a OneDrive y SharePoint) y Zimbra o Modoboa como servidores de correo. Para la navegación web, Firefox y Chromium funcionan de forma nativa. Y para la gestión de directorios y autenticación, FreeIPA y Samba son alternativas sólidas a Active Directory.

El ecosistema de software libre ha madurado enormemente. Ya no estamos en 2005 intentando convencer a la gente de que OpenOffice era «casi» como Microsoft Office. Hoy las herramientas están ahí, son robustas y tienen comunidades enormes detrás.

El reto real: que no acabe como Múnich (ni como Extremadura)

Dicho todo esto, seamos realistas. Migrar 2,5 millones de puestos de trabajo no es instalar Ubuntu en el portátil de tu cuñado un domingo por la tarde. Es un proyecto de una complejidad técnica y organizativa enorme que requiere formación, soporte, adaptación de aplicaciones y, sobre todo, voluntad política sostenida en el tiempo. Y eso último es lo que ha fallado históricamente, tanto en Múnich como en España.

El problema nunca ha sido Linux. El problema siempre ha sido que llega un cambio de gobierno, o que Microsoft hace una oferta irrechazable, o que los usuarios se quejan porque «esto no es como lo de antes», y se vuelve atrás. O peor aún: que se pone al frente del proyecto a gente sin la capacidad técnica necesaria, y cuando las cosas se complican (que se van a complicar, porque siempre lo hacen), no saben cómo resolverlo y la conclusión fácil es «Linux no funciona». No, lo que no funcionó fue la gestión.

Si Francia quiere que esto funcione, necesita blindar el proyecto políticamente y, sobre todo, invertir en formación y en crear un ecosistema de soporte local. Que es, por cierto, otro de los beneficios que nadie menciona: el dinero que se gasta en licencias de Microsoft se puede reinvertir en empresas locales europeas que den soporte al software libre. Eso sí que es soberanía digital de verdad: no solo usar software libre, sino crear tejido empresarial propio alrededor de él.

¿Cuánto dinero puede ahorrar Francia con esta migración?

Aunque Francia no ha dado cifras oficiales de ahorro, podemos hacer una estimación razonable. Una licencia de Microsoft 365 para empresas cuesta entre 12 y 36 euros por usuario al mes. Si tomamos un punto medio de 20 euros mensuales para 2,5 millones de funcionarios, estamos hablando de 50 millones de euros al mes en licencias, o 600 millones de euros al año. Y eso sin contar las licencias de Windows, servidores, CALs, y demás parafernalia del ecosistema Microsoft.

Obviamente, migrar a Linux no es gratis: requiere inversión en formación, soporte, adaptación y desarrollo. Pero esa inversión se queda en Europa, genera empleo local y crea capacidades propias. No es lo mismo pagar 600 millones al año a una empresa de Redmond que invertir una fracción de eso en empresas europeas que construyan y mantengan la infraestructura digital de tu país.

Linux seguirá siendo para los fuertes…

El software libre no es una moda, es la única opción sensata cuando hablamos de infraestructura crítica. Llevo defendiéndolo desde mucho antes de que existiera este blog y cada año que pasa me reafirmo más.

Como decía hace poco en el artículo sobre el estado de la VoIP en 2026: la soberanía no se compra, se compila. Y Francia parece que se ha dado cuenta de que esta frase no es solo un eslogan bonito para poner en una camiseta de congreso, sino una necesidad estratégica real.

¿Soy optimista? A medias. Me alegra enormemente que un país del peso de Francia dé este paso. Pero también sé, por experiencia, que entre el anuncio político y la realidad técnica hay un trecho enorme, y que los lobbies del software propietario no se van a quedar de brazos cruzados. Microsoft no va a perder 2,5 millones de licencias sin pelear, eso tenedlo por seguro.

Lo que sí tengo claro es que, si sale bien, esto puede ser el punto de inflexión que el software libre en el escritorio necesitaba en Europa. Y si sale mal, será otra excusa más para los de siempre que dicen que «Linux no está preparado para el escritorio» (spoiler: sí lo está, lleva años estándolo, lo que no estaba preparado era la voluntad política).

Y luego está la pregunta incómoda que nadie quiere hacerse: ¿por qué España no hace lo mismo? Tenemos experiencia (para bien y para mal), tenemos talento técnico de sobra, tenemos empresas que trabajan con software libre a diario… lo que nos falta es la valentía política de tomar una decisión así y sostenerla en el tiempo. Quizá cuando veamos a Francia funcionando con Linux, a alguien se le encienda la bombilla. O quizá no, y sigamos pagando licencias hasta el fin de los tiempos. Ojalá me equivoque.

Mientras tanto, aquí seguiremos, como llevamos haciendo más de 20 años: hablando de software libre, de VoIP, de Asterisk, de Linux y de todo lo que se cuece en este mundillo. Y brindando con un café (o algo más fuerte) cada vez que un gobierno decide dar el paso.

Enhorabuena, Francia. Ahora a currárselo de verdad.

¿Crees que Francia lo conseguirá?

¿Creéis que Francia conseguirá completar esta migración o acabará como Múnich? ¿Habéis vivido alguna migración de Windows a Linux en vuestra empresa o administración?
¿Qué distribución Linux elegiríais para una administración pública?
¿Por qué España sigue sin dar un paso así?

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